Voluntarios y arqueólogos trabajan en el yacimiento desde la semana pasada.


De “Aquí tenemos un río que podría permitir el transporte hacia otro punto de distribución, seguramente el puerto de Dénia. El río en esa época tendría agua. Además, para ese tipo de transporte fluvial tampoco hacía falta un caudal grande, ya que se transportaban en barcazas de fondo plano”, ha desvelado el arqueólogo Juan Francisco Álvarez (izquierda), de la Universidad de Alicante (UA).

La pasada semana se inició la segunda campaña de excavación arqueológica en el yacimiento romano de La Rana de Gata que permitirá conocer más acerca de esta época y de la actividad comercial del municipio y la comarca. Un equipo de unas 15 personas, entre voluntarios estudiantes del Grado de Historia y el Máster en Arqueología de la Universidad de Alicante; los arqueólogos Ximo Bolufer (del Museu de Xàbia) y Juan Francisco Álvarez; el catedrático de Historia Antigua de la UA, Jaime Molina y el director del proyecto, Daniel Mateo, trabajarán en el terreno durante varias semanas.

La alfarería estaba compuesta por una factoría o zona de producción y una villa donde habitaba el señor.

El yacimiento, situado junto al barranco de La Rana, a uno de los dos lados de la carretera CV-734, fue durante mucho tiempo una alfarería compuesta por una factoría o zona de producción y una villa donde habitaba el señor. La zona tenía todo lo necesario para producir cerámica: agua del río y tierra arcillosa. Y vaya si producían.

Una factoría tan grande como una embotelladora de cervezas de hoy


El sector de la cerámica debía ser muy boyante en la época romana, pues el espacio de producción era gigantesco. Cuando se prospectó en los 80, se determinó que había materiales en el terreno donde ahora trabajan los arqueólogos y en otras tres o cuatro parcelas adyacentes más. “La superficie era enorme. Una factoría de producción de cerámica de le época romana podía ser coma una planta embotelladora de cerveza de hoy en día. Era una industria grande, muy especializada y con una producción durante prácticamente todo el año”, ha detallado el arqueólogo.

Ánforas del Museu Soler Blasco de Xàbia. Foto: Museu de Xàbia.


Hallazgos “muy prometedores”


Tras las investigaciones, ya se han documentado producciones de varios tipos. No solo la de ánforas para transportar vino, sino cerámica de mesa y de material de construcción, como por ejemplo tejas. Estos hallazgos constatan, no solo el tamaño sino también la gran valía del yacimiento.

Los desechos de cerámica.

Ya en la década de los 80, Ximo Bolufer, el arqueólogo de Xàbia, observó en una primera prospección la importancia de la zona. En 2017 se decidió pasar a la acción. “En colaboración con la Universidad de Cádiz, pasamos un georadar y descubrimos una serie de marcas que indicaban posibles zonas con un gran potencial arqueológico. Fue lo que nos llevó a abrir los sondeos”. Ahora, tras dos campañas de excavaciones, los arqueólogos ya aseguran que lo que La Rana oculta bajo tierra es “muy prometedor”.


De momento, se ha descubierto un vertedero en el que se desechaban las piezas de cerámica rotas o que ya no servían. “La cerámica está muy fragmentada al ser desechos de horno. Cuando hacían una hornada, acumulaban las piezas y las cocían. Si alguna estaba mal puesta y se resbalaba, caía sobre las demás y se rompían todas. Entonces toda la hornada entera se desechaba. Todo lo que hay aquí son las ánforas que no han llegado a viajar porque se rompieron”, ha explicado Álvarez.


Toneladas y toneladas de cerámica


La cantidad de piezas de cerámica que salen al día es enorme. “Tenemos toneladas y toneladas de material de desecho”. De hecho, en la campaña de 2017 lograron sacar en solo dos semanas tonelada y media de cerámica. Pedazos rotos que, sin embargo, muchas veces encajan como dos piezas de un mismo puzle y evidencian elementos tan significativos como el de la siguiente foto:

Parte de una ánfora reconstruida.

También han hallado un muro de terraza (un bancal), que estaría separando la parte de producción de la parte del barranco. Eso de momento, ya que esperan encontrar el horno donde se cocía la cerámica. Lo que no han podido desvelar todavía son los cuños del fabricante o comerciante, que aportarían mucha información sobre quién era el propietario o hacia dónde viajaba el vino. Aunque científicos han constatado que las ánforas procedentes de la zona valenciana tenían un alcance a nivel transmediterráneo.


“Hasta hace relativamente poco no se conocía que hubiese una producción importante de vino valenciano en época romana. Ahora ya está constatado que existió y que circulaba mucho”.
Tras estas semanas de trabajo en el campo, los arqueólogos estudiarán las piezas para arrojar más luz sobre el tipo de producciones que se realizaban. Llevarán a cabo un postproceso de documentación y, una vez recopilado y lavado el material, se clasificará y se hará inventario para luego estudiarlo. Finalmente, se depositará en el Museu de Xàbia. Además, la Fundació Cirne hará un estudio complementario o llevará a cabo la restauración de alguna pieza singular.

Muro abancalado que separaba la zona de desechos.